CAPÍTULO 43
Bianca
Obsidiana no era el mismo lugar que yo recordaba. Esta noche, el casino no era solo un negocio de apuestas; era un organismo vivo, palpitante, envuelto en un aura de peligro y elegancia que me erizaba la piel. Las luces de las lámparas de cristal estallaban en mil destellos sobre las superficies de mármol, y el murmullo de la gente, ese sonido constante de seda rozando el suelo y risas ahogadas, formaba una melodía embriagadora.
Caminaba del brazo de Jaxson y, por primera vez