CAPÍTULO 35
Jaxson
El sabor de sus lágrimas seguía impregnado en mis labios, una mezcla amarga de sal y derrota que me quemaba más que cualquier licor barato. Salí de la habitación cerrando la puerta tras de mí con una fuerza que hizo temblar las molduras del pasillo.
Maldita sea.
Ese beso no debería haber ocurrido. Había sido un error. Aunque mi mente lo catalogaba como un desastre táctico, mi cuerpo me gritaba lo contrario. Ese roce, esa colisión de labios, me había dejado con una sed que no