CAPÍTULO 127
Vittorio Rossi
El humo del cigarrillo inundaba el interior de mi sedán blindado, mezclándose con el olor a cuero caro y a la rabia contenida que me quemaba la garganta desde hacía días. Observaba a través del parabrisas polarizado la carretera secundaria que conducía hacia la pista de aterrizaje privada del distrito sur. Una lluvia fina y gris comenzaba a caer sobre el asfalto, borrando los límites de la maldita ciudad que los Sterling creían haber ganado.
El plan de la playa había