Valeria entregó el contrato firmado a la madre de Daniel, sintiendo el peso de su decisión caer sobre ella como una manta pesada. La mujer lo tomó con una sonrisa satisfecha, sus ojos brillando con algo que Valeria no podía identificar del todo, pero que la hacía sentir más expuesta de lo que le gustaría admitir.
—Excelente, querida, —dijo la madre de Daniel mientras guardaba el contrato en la carpeta de cuero—. Sabía que tomarías la decisión correcta. —Se puso de pie, con la misma elegancia co