El cuerpo de Ethan se tensó de forma automática, pero al ver al hombre de bata blanca que entraba en la habitación, su expresión cambió. Pasó del nerviosismo al alivio, aunque también se reflejaba en sus ojos un dejo de remordimiento.
Ava lo notó, y una punzada de decepción le atravesó el pecho.
“¿Qué podías esperar, Ava? No seas idiota”, se reprendió mentalmente.
El doctor era un hombre alto, de cabello oscuro peinado hacia atrás y un rostro era amable, pero su porte profesional imponía respe