La joven, al salir de aquel lugar, llevaba el corazón en la palma de su mano, roto y sangrando. Sus pasos son rápidos para que nadie comience a especular sobre su vergonzosa salida de esa mañana, un jueves. No quiere dar explicaciones cansonas del porqué se está yendo de ese lugar. Sabe que a más de una persona le dará cierto placer verla salir con el rabo entre las piernas y hasta se burlarán de su nueva condición.
—Él solo es un estúpido egocéntrico— murmuró muy molesta al pensar en las prete