Karen pestañeó rápidamente para esconder aquellas lágrimas de impotencia que pugnaban por salir y trago con fuerza el nudo que se formó en su garganta por el dolor al ver como todas sus ilusiones y sueños poco a poco se iban derrumbando hasta sus pies.
Cada palabra de su buen amigo reventó el corazón frágil de la joven.
—Gracias, doctor Nicolás — dijo con la voz quebrada- de verdad lamento mucho todo lo que ha pasado. Yo pensé que ella iba a aprovechar la oportunidad que el destino me negó.
—V