Einar corre entre los árboles, su respiración es pesada, pero su paso no se desacelera ni un instante. A su lado, Caleb se mueve con la misma urgencia, sus sentidos en alerta máxima. No hay tiempo para discusiones, no hay espacio para viejas rencillas. Solo hay un objetivo: rescatar a Lía.
Desde el momento en que el alfa enemigo se la llevó, un vacío helado se ha instalado en el pecho de Einar. El miedo, un sentimiento que rara vez ha experimentado, lo atormenta con cada segundo que pasa sin el