Naomi.
Por fin estaba en esa habitación blanca a la que tanto deseaba regresar cada noche. No entendía los poderes que tenía mi propio hijo.
Me acerqué a mi madre al verla de pie junto a la ventana.
—Supongo que ya sabes por qué quise verte… —murmuré, jugando con mis dedos.
—Información, ¿no? —cuestionó, volteandose para verme a los ojos—. De todas formas, la diosa Luna me pidió que te explicara un poco más sobre los poderes de tu hijo.
—Por eso estás aquí… —Bajé la cabeza.
La palma de su