Naomi.
—¡Rowan! ¡Deja eso! —lo regañé.
Lo estaba preparando para su fiesta de bienvenida, el niño ya se sentaba en la cama y empezaba a morder las sábanas como un salvaje, y solía transformarse de repente.
—¡Bua! ¡Bua! —Agitó los brazos cuando me acerqué para ponerle la ropa.
—No vayas a transformarte en lobo, eh —le advertí con el dedo—. Silas nos debe estar esperando.
Lo cargué y el niño se quedó tranquilo, menos mal. Cuando salí de la habitación, Malena me esperaba afuera con una amplia