Vanessa escuchó voces a lo lejos. Todo se sentía confuso, como si su mente flotara entre la realidad y el sueño. Un murmullo lejano la llamaba, pero su cuerpo se negaba a responder.
—¡Vanessa, despierta! —la voz de Sofía sonaba angustiada, casi al borde del llanto.
—¡Dios, Vanessa, por favor! —era Alexandro. Su tono estaba cargado de desesperación.
Intentó abrir los ojos, pero le pesaban. Su respiración era irregular, su cuerpo no reaccionaba. Hasta que sintió algo cálido en su mejilla... una m