Alexandro llegó a casa con el ceño fruncido y los puños apretados. Después de la conversación con su madre, una tormenta de emociones lo embargaba: confusión, dolor y una creciente desconfianza. Vanessa, al notar su actitud distante, sintió una punzada de preocupación.
—Mi amor, ¿vas a decirme qué pasa o vas a seguir con esa cara de funeral? —preguntó Vanessa, cruzando los brazos y tratando de mantener la calma.
—Dímelo tú, Vanessa. ¿Desde cuándo tu familia se especializa en robar herencias