El amanecer filtraba su luz tenue a través de las cortinas de la casa , pero ninguno de los presentes había dormido. La noche se les había ido revisando los documentos, tratando de encajar las piezas de un rompecabezas que parecía más grande de lo que imaginaban.
Vanessa estaba sentada en el sofá, con la vista fija en una de las cartas. Sus dedos recorrían las letras desdibujadas de la firma "M", como si al tocarlas pudiera sentir la verdad que se escondía tras esas palabras.
—Si mi abuela dise