Vanessa no entendió lo que pasaba hasta que la puerta del auto se cerró y Alexandro arrancó sin darle oportunidad de protestar.
—¿Secuestro express? —preguntó, cruzándose de brazos.
—Llamémoslo una intervención necesaria.
—¿Para qué?
—Para sacarte de la locura del desfile y recordarte que mereces un respiro.
Vanessa resopló, aunque en el fondo, la idea no sonaba tan mal.
—¿Y si tengo cosas que hacer?
—Ya hablé con Mariana. Hoy eres mía.
Vanessa entrecerró los ojos.
—Sospechoso.