Hannah caminó hasta la silla acolchada y se dejó caer con un suspiro cansado. A sus cinco meses de embarazo, su vientre ya estaba enorme y pesado. Además, se agotaba con facilidad; la espalda comenzaba a dolerle con frecuencia y los pies se le hinchaban si pasaba demasiado tiempo de pie.
Por suerte, aún no había presentado ninguna complicación.
Hannah se aseguraba de seguir cada recomendación al pie de la letra para asegurarse de que su embarazo continuara por el mismo rumbo.
Todavía no cono