Teo estaba agotado. Las grabaciones del día se habían extendido mucho más de lo previsto y él había tenido que asistir a casi todas, sin un solo descanso real. Sentía el cuerpo pesado, como si cada músculo protestara por seguir en movimiento, y los párpados le caían de puro cansancio. Si no fuera porque también tenía hambre, ya estaría camino a su habitación.
—Este fue un día largo —comentó Rachel, sentada frente a él. Ella y un par de los chicos habían decidido cenar en el restaurante del hote