Hannah estaba conteniendo el aliento, contando los segundos. Entonces el familiar sonido de los corazones de sus bebés llenó la sala, tan fuertes y rápidos como los recordaba. Un suspiro de alivio se le escapó antes de que la emoción la desbordara en una mezcla de llanto y risa. La doctora aún no había dicho nada; seguía concentrada en la pantalla del ecógrafo, pero aquel sonido bastó para apaciguar sus temores. Sus bebés estaban bien. Tenían que estarlo.
—Ahí están sus pequeños, tan fuertes co