En cuanto salieron a la sala de arribos y cruzaron la cinta de seguridad, un alboroto comenzó a formarse a unos metros. Bastaron unos segundos para que empezaran a llamar el nombre de Teo.
Cuatro hombres los rodearon y los condujeron hacia un lado de la sala para no obstaculizar el paso.
Hannah tardó apenas un instante en deducir que eran los guardaespaldas que Angelo les había informado que los esperaría a su llegada. Todos parecían construidos a base de acero. Eran altos, imponentes y formaban