Teo entró al edificio de su agencia con pasos relajados con Stella junto a él. Su asistente no tenía el menor problema para igualar su ritmo, incluso cuando él iba apresurado. Su destreza para caminar sobre tacones sin apartar la vista de la tableta, y sin tropezar jamás, seguía sorprendiéndolo cada vez.
Stella era una mujer hermosa, un par de años más joven que él, aunque su actitud siempre recta y su vestimenta impecablemente formal podían hacerla parecer mayor. Teo casi podía considerarla un