—Hola —dijo el pequeño con una sonrisa mientras entraba en la oficina de Thiago.
—Hola… —replicó Thiago, mirando detrás de él—. ¿Estás solo?
—Con mi mamá.
Thiago empujó el sillón hacia atrás y se puso de pie. Rodeó el escritorio y caminó hasta él. Luego se puso de cuclillas frente al niño, porque el pequeño apenas le llegaba a la cintura. Le dedicó una sonrisa suave para no asustarlo.
—¿Y dónde está tu mamá?
—¿Cómo te llamas? —preguntó el niño en lugar de responder.
—¿Dónde quedaron mis modales