Hannah tenía la cabeza apoyada contra la ventanilla. Ni ella ni Teo habían vuelto a hablar en un buen rato. El tráfico a esa hora era un caos, y estaban atrapados entre una fila interminable de autos.
—Sé que no te agrado —dijo Teo, de pronto, rompiendo el silencio.
—¿Qué te hizo darte cuenta? —preguntó ella, con una sonrisa burlona.
Teo soltó una carcajada.
—Tengo una propuesta para ti —continuó +el, aún con una sonrisa divertida en los labios—. ¿Por qué no intentamos llevarnos bien? Digo, est