En cuanto Teo cerró la puerta de la habitación, un silencio pesado se instaló entre él y Hannah. Recorrió el lugar con la mirada y, para su propia sorpresa, sonrió. No estaba seguro de lo que había esperado, pero definitivamente no era aquello.
La habitación de Hannah era enorme. Las paredes, pintadas de un rosa muy claro, estaban adornadas con cuadros de distintos tamaños. Todos mostraban imágenes diferentes, pero compartían un rasgo común: estaban pintados con colores vivos. En medio del cuar