Piper se cubrió la boca mientras soltaba un bostezo. Estaba muerta de cansancio. La breve siesta que había tomado en el bus, camino a la universidad, apenas había servido para mejorar la situación.
Era consciente de que se veía fatal. Su cabello estaba recogido en una cola que apenas lograba disimular el enredo que era —no había tenido tiempo ni de pasarse el peine—; no se había molestado en cubrir las ojeras porque no solía usar maquillaje en el día a día, y llevaba puesta una sudadera grande,