Le hago una seña a Hammer y de inmediato me indica que pedirá apoyo.
—¡No te atrevas a ponerle un dedo encima! —grito furioso.
—Es tan hermosa, incluso me caía bien, hasta que se metió dónde nadie la llamaba —resopla—. Pero no te preocupes, no le haré nada, por ahora —advierte—. En mi caso, las prefiero maduras, aunque, podemos llegar a un acuerdo si no quieres que me la lleve, tengo amigos a los que les gustan jovencitas.
Hammer se acerca y presiono el botón para silenciar la llamada.
—J