Terminamos de cenar y recogemos los platos.
—¿Me aceptas para dormir aquí? —me pregunta y lo miro frunciendo el ceño.
—¿A qué viene esa pregunta? —indago.
—No sé si Hammer te lo permita —responde aguantando la risa.
—Es cierto, tendría que preguntarle —sonrío y camino a la habitación quitándome la ropa en el trayecto, no tarda en alcanzarme para tomarme en los brazos y llevarme a la cama mientras no dejo de reír.
—¿Y Hammer? —cuestiono.
—Le pediré disculpas después —dice quitándose la