Escucho algunos gritos y aunque estoy asustada, bajo con precaución, sigo las voces y me doy cuenta que Nathan encontró a Dania y a Bartice en una situación incómoda.
—¡Les dije muy claro que no quiero este tipo de escenas en mi equipo! —les grita furioso mientras los dos se visten—. ¿No tienen casa o qué?
—En mi apartamento aún está mi familia —se justifica Dania.
—Y en mi casa, está mi hija —farfulla Bartice.
—Pues pagan un hotel —gruñe.
—Nathan…
—No, quiero escuchar nada, Dania —la i