—¿Qué pasa? —pregunto acercándome a la puerta.
—Tú jefe —lo señala Enzo—, me está explicando a qué viene tan temprano en sábado, pero parece que no sabe qué decirme.
—Te traje un té y… —me mira—. Necesito hablar contigo.
Enzo no se mueve y paso por debajo de su brazo para salir.
—Ahora regreso —le digo a Enzo que cierra la puerta sin estar muy convencido.
Me entrega el vaso con el té.
—Está semana fue un poco complicada, y no me di el tiempo para pedirte una disculpa por lo que pasó co