Simón sostenía los currículos de Adeline y sus otros dos socios, Maya y Leo. Tras sentarse, se los entregó a Damian.
—Señor Thorne, estos son los perfiles de los arquitectos que recomendó Bernardo Clarke. Una de ellas es la señorita Adeline.
La taza que Damian se llevaba a los labios se detuvo en el aire. Miró a Simón con fijeza. —¿Qué señorita Adeline?
Los ojos de Simón parpadearon, confundido. Se preguntó por qué Damian haría esa pregunta. Adeline era su esposa; ¿podría ser que no supiera q