—Señor Thorne, es la heredera. La señorita Sienna y la señorita Eileen están aquí —murmuró Amy, rompiendo el trance de su jefe.
Damian giró lentamente la cabeza, sus ojos oscuros inyectados en una mezcla de alcohol y un fastidio profundo. Sienna, Leona y Eileen entraron al modesto local como pavos reales en un corral. Sienna fingió una sorpresa radiante, mientras Leona arrugaba la nariz al percibir el olor a guiso casero y humedad.
—¡Oh, qué coincidencia encontrarte aquí, Damian! —exclamó Leona