Eileen gimió para sus adentros mientras sentía el sabor terroso inundar su paladar. ¿De verdad es tan malo?, se preguntó, luchando por no devolver la comida. Sienna, haciendo gala de su hipocresía profesional, se obligó a tragar un bocado y dijo con voz melosa: —Es un plato enorme. Eily no podría terminarlo todo por muy bueno que esté. Pero come lo que puedas, amiga, no queremos que se desperdicie.
Eileen esbozó una sonrisa que parecía más una mueca de agonía. No tuvo más remedio que tragar ent