Amy ya había visto esa expresión en el rostro de su jefe antes: el día en que Damian Thorne fue a ver a Bryan por primera vez para confirmar quién lo había rescatado de los restos del coche. Damian miraba hacia la ventana, envuelto en un aura de frialdad potente e impenetrable.
Tras un silencio que pareció eterno, dictó su sentencia: —Dale diez millones a Bryan y mándalo al extranjero hoy mismo. Asegúrate de que no regrese en dos años.
Amy abrió mucho los ojos, incapaz de ocultar su asombro. La