Si las cosas se ponen densas, te cubro la espalda.
Los padres de los chicos llegaron casi de inmediato. Su madre, por supuesto que los reviso de arriba abajo para saber que estaban bien, pero cuando vio la herida de Caleb lo obligó a sentarse, le curo y vendó la herida. Lo hizo con tanta naturalidad que me pregunté si había tenido que hacer mucho eso con su esposo, teniendo en cuenta lo que sabía sobre él. Mi hermano ya se había marchado, todos le agradecieron por el trabajo que había hecho limpiando y lo obligaron a venir a una cena.
–Cariño,