La charla.
—Mamá, no sé de que hablas —digo cuando me dispongo a caminar y paso por su lado; ella enarca una ceja.
—¿Segura qué no lo sabes?
Yo resoplo.
—Si ya sabes… —comienzo pero ella se cruza de brazos y me mira—. Él me pidió ser su novia —suelto.
Mi madre deja escapar un chillido y yo la miro sorprendida y también debo admitir, divertida.
—¡No lo puedo creer! —exclama, yo arrugo el entrecejo.
—¿Qué no puedes creer?
—Bueno, que estés de novia, es decir, Caleb es ardiente, tienes un buen gusto y ¡tu c