(Eduardo)
Desperté antes de abrir los ojos, porque el dolor llegó primero, extendiéndose sin prisa pero sin pausa, ocupando cada espacio del cuerpo como un recordatorio constante de la noche anterior, y durante unos segundos me quedé completamente inmóvil, intentando ubicarme sin moverme demasiado, como si eso pudiera hacer que todo fuera menos real o doloroso.
No funcionó.
Nada de eso desaparecía.
El silencio no era el de mi casa, el aire no se sentía igual, y cuando finalmente abrí los ojos y