(Eduardo)
Abrí la puerta sin tocar, como siempre, sin intención de anunciarme ni de pedir permiso, y lo que encontré al otro lado no fue una escena que me sorprendiera… pero sí una que no esperaba en ese contexto. Adrián estaba de espaldas, terminando de abotonarse la camisa con más prisa de la habitual, y el desorden en la oficina hablaba por sí solo; papeles en el suelo, el escritorio fuera de lugar y ese silencio denso que solo queda cuando algo acaba de pasar.
No fue necesario mirar demasia