Mundo ficciónIniciar sesiónLuego de la presentación masiva, y con un nerviosismo interno que intentaba disimular no sabía con cuánto nivel de éxito, Bárbara volvió a la oficina. Su encuentro con Johnny Falcone la había dejado temblando internamente y el muy maldito no hacía ni un mero intento de ocultar su alegría de verla nuevamente. Solo faltaba que se bajara los pantalones con el pene erecto y le dijera "Sorpresa"... estaría pensando que ahora que la tenía más cerca sería fácil seducirla pero de ninguna manera ella caería bajo las garras del playboy del equipo. Por supuesto que ella estaba al tanto de sus andanzas, sus novias y fiestas porque era tapa de cada maldita revista de chismes y cada vez que iba al supermercado lo veía en la tapa de alguna... Supuso que su madre Linda Harrison Falcone, tendría más de un dolor de cabeza por eso. Aunque su hija Calixta seguramente, en el podio de los escándalos por casi una década como modelo de juerga en juerga que cambiaba de novia como de pantaletas, la habría curado ya de espanto. Por lo que ella sabía, Calixta había dejado esa vida disipada y se había puesto en una relación seria con su primer amor e incluso habían tenido dos hijos. No era que Bárbara fuera stalker ni nada parecido pero ellos eran la familia más importante de Texas, así que eran como celebridades locales. Todo de ellos se sabía. Y hasta dónde ella misma tenía noción, los únicos solteros - de los ocho que eran, seis varones y dos mujeres - eran Patrick, un abogado que en apariencia era formal pero parecía que solo era la apariencia y el propio Johnny. Su actual Némesis. Por un momento el diablillo sobre su hombro izquierdo le sugirió la posibilidad de utilizarlo para cumplir la última voluntad de su padre. Pero acalló esa voz con rapidez. Ella lo había pensado bien. Solo tenía que buscar un hombre que fuera su tipo, quedar embarazada y luego de tener el niño podría casarse inmediatamente. No era exactamente lo que había soñado para su vida, pero era mejor que dejar la fortuna de su padre bajo las garras de la zorra de su segunda mujer, Pamela. Realmente no sabía en qué estaba pensando su padre cuando se le ocurrió contraer matrimonio con ella... Ahora ya no importaba. Tenía que ir contra sus principios o cederle a esa mujer su herencia, pero si lo iba a hacer sería bajo sus términos, y claramente Johnny Falcone escapaba a años luz de ellos. Cuando terminó la jornada y ultimó detalles sobre la nueva decoración de su oficina, Bárbara se dirigió al estacionamiento. Allí la esperaba su Porsche 911 GT3 color blanco perlado. Lo había adquirido con su último ascenso en la empresa dónde solía trabajar y amaba ese auto. A ella le gustaban el lujo y las cosas caras. Y los autos deportivos entraban dentro de ese espectro. Esa noche había conseguido una cita con un abogado de renombre...les había hecho el contacto una amiga en común de ambos. A Bárbara se le estaban acabando las opciones de candidatos y el tiempo la apremiaba. Si bien era joven y en teoría fértil, nada le aseguraba un inmediato embarazo... Aparte debía enamorar al sujeto, al futuro padre de la criatura en cuestión. No le dijo a nadie sobre las condiciones de la herencia de su padre, ni siquiera a su madre Katherine. La llenaba de una infinita vergüenza. Y estaba segura de que si le contara le diría que le deje todo a Pamela y no permita que su padre la doblegase desde el más allá. Y no quería entrar en discusión con su madre, a quién amaba pero estaba muy segura de que esto podría ser motivo de pelea. Estaba distraída pensando en eso, y en qué usaría por la noche para conquistar al abogado cuando un hombre le interrumpió el paso. Era Johnny "maldito hijo de puta" Falcone. Debería haber sido hijo de su padre, considerando su historial con las mujeres. — Señor Falcone — dijo ella inspirando aire. Estaba a pocos metros de su auto, ¿ No debería él haberse ido ya acaso ? — ¿ Qué es eso de señor ? Después de lo que hemos compartido Bárbara...que mal...— dijo él acercándose a su rostro y fingiendo falsa pena. Ella se quedó congelada en el lugar. Por un lado agradeció que fueran los únicos dos en el estacionamiento y por otro lado lo resintió, quizá si hubiese habido más gente podría haber huido más fácilmente. De todas maneras lo rodeó y siguió hasta su auto. Johnny, la siguió de cerca ...'Maldita sea, funciona de una vez' pensó pues de los nervios, Bárbara, no podía activar el sistema de apertura del vehículo. Repentinamente se vio acorralada. Johnny había puesto cada uno de sus musculosos brazos envueltos en una chaqueta de cuero contra el auto, posicionándose detrás de ella. Y olfateó su cabello. — Todo en ti dice que tienes dinero, hasta el aroma caro de tu shampoo — le susurró en el oído estremeciendola. Maldito Johnny. — Qu..ueee...quie..resss Johnny — le dijo ella temblando. El con una de sus manos, movió su cabello descubriendo su cuello refinado y le dió un beso húmedo. Aunque Bárbara no fue consciente le dió más acceso a su cuello tirando su cabeza hacia el lado contrario. — Tal deliciosa como recordaba — murmuró él y metió una mano por dentro del blazer de Bárbara para masajear uno de sus pechos. Ella tuvo que morderse los labios para reprimir un gemido aunque claro Johnny de idiota no tenía un solo pelo. — Tu corazón late más rápido, y tu respiración está más agitada mí "princesa de hielo"...parece que a mí no me cuesta demasiado derretir tu hielo... qué curioso...— él refregó su erección en la espalda de Bárbara y metió una mano bajo su falda. — Llevas medias con ligas, que agradable sorpresa...— susurró ronco. Esto le permitió subir un poco su falda y llevar su mano hasta su entrepierna. Cuando llegó, metió un dedo bajo sus bragas y comenzó a juguetear con su clítoris. Bárbara se sentía como arcilla en sus manos. Una parte de ella quería huir y la otra quedarse y seguir...Como odiaba a ese hombre. Rápidamente llegó al clímax y no pudo evitar el gemido que escapó de entre sus labios para su completo bochorno. Llevó su cabeza hacia atrás y se apoyó inconscientemente en el hombro de Johnny. Él no la iba a tomar ahí, solo quería sentar un precedente. Eso era solo un anticipo de lo que tenía preparado para ella. Él acomodó su falda, mientras ella seguía temblando. Llevó el dedo a su boca y lo lamió. — Mmmm siempre me gustó tu sabor, aunque eres mucho más exquisita cuando te pruebo directamente con mí lengua...— le dijo. Eso pareció hacer reaccionar a Bárbara que se enderezó, activó el mecanismo del auto y se escabulló abriendo la puerta. — No importa cuánto huyas Bárbara, ambos sabemos cómo terminará esto — llegó a escuchar ella justo antes de cerrar la puerta. Él la dejó huir...por esa vez y pensó por dentro: Johnny 1 - Bárbara 0. Bárbara aún temblorosa pudo ver por el espejo retrovisor que un sonriente Johnny la saludaba con su mano y una sonrisa de autocomplacencia. 'M****A' pensó. Eso había estado muy cerca...







