Mariana:
Apoyo mi cabeza sobre dorso de mi mano derecha sobre el mesón y me distraigo observando a los primeros clientes que llegan. Y por supuesto, no hay persona que no vista de etiqueta.
—¡Mariana! —exclama Ronan por encima de la música, dirijo la mirada hacia él y se aproxima para decirme—. ¡El jefe te espera en el salón de juntas! —enuncia y contesto con un asentamientos de cabeza.
Me deslizo sobre el taburete de un metro en el que estoy sentada con cuidado de no razgar mi falda y me encam