La semana transcurrió lentamente. Amelia participaba cada vez más en las clases del profesor Brown y, poco a poco, había perdonado a Sarah y Rose la broma que le habían gastado, acercándose cada vez más a las chicas.
El viernes, un murmullo recorría el campus de Literatura de la NYU. Mientras paseaba, Amelia se fijó en unas cuantas personas que hacían comentarios emocionadas mientras sostenían un sobre negro como si fuera de oro.
Amelia estaba sentada en uno de los bancos del campus, mirando u