Al amanecer, Naiara despertó con algo de ansiedad, sentía el corazón latiendo más rápido de lo normal, pero no quiso detenerse en ello, quizás se debía únicamente a la falta de alimento, el estómago le estaba recordando aquello con sonidos que ella agradeció que fueran débiles.
Aysel seguía dormido y la mantenía cerca con un brazo sobre su cintura. La manta los cubría recostados sobre el lecho de pieles, el fuego que se mantuvo encendido gran parte de la noche, se había convertido solo en ceniz