Senka había estado mirando desde las sombras desde que Arlina había sido apuñalada. Solo podía mirar con terror cómo Arlina la había arrastrado como una muñeca con un tentáculo que sobresalía de su espalda como una espina o una pata de araña. Fue entonces cuando Senka vio a Jacobo perder el control por completo.
No importaba cuántos tentáculos le arrojara Arlina, él siguió avanzando, con las garras extendidas y la espada ignorada y arrojada.
“¡MUERE, JACOBO!” Gritó Arlina, sin dejar de apuñalar