Capítulo 44. ¿Acaso no me conoces?
Santiago y Muriel se miraron de pronto, separándose de un salto que hizo trastabillar a la mujer. Con una pericia inusitada, él se acomodó la ropa mientras la sostenía con la mano izquierda.
Muriel se veía más desordenada a causa de las sacudidas violentas que el joven no había conseguido medir y contener, pero hermosa, con sus labios enrojecidos, el escote desbordado y el mechón gris cayendo en su rostro con desparpajo.
La mujer recordó el pequeño cuarto de baño en su oficina que la había sorp