Capítulo 22. ¿Empezando algo?
El aire fresco de la noche golpeó las mejillas rosadas de Muriel, mientras era guiada con firmeza y pasión de regreso al vehículo
Ya en la parte trasera del automóvil, la temperatura aumentó peligrosamente cuando Klaus tomó su nuca con una de sus grandes manos, y comenzó a besarla, con apetito voraz, apretándola a su cuerpo con la otra mano, sintiendo sus pechos presionándose.
La dejó sin aire, y la soltó al escuchar un leve gemido desde su garganta que lo arrastraría al borde de la locura.
El