Al otro día fueron dadas de alta. Era gracioso que ellas hubieran tardado tanto en salir del hospital y Stefano pudiera andar de un lado a otro a pesar de estarse recuperando de una herida de bala. Pero su flamante esposo había arreglado todo para que ella no saliera hasta que estuviera completamente seguro que estaba bien. Lo vio acercarse con una leve cojera.
¿Aun te duele?
Casi nada.
Si hubieras descansado…
¿Para qué?
Olvídalo. – suspiró ella.
¿Te despediste de Allison?
Sí. – Le dijo con pe