35. Yo no creí que esto fuera tan…
— Evan… Evan… Te quiero…
Gimió su nombre moviéndose al ritmo que su propio cuerpo le pedía hacerlo como en busca de su propio placer y de darle más placer todavía a él. Alzándose y dejándose caer una y otra vez para sentir como el placer la recorría por completo, como se deshacía en sus brazos con su toque delicado a la vez que rudo.
No le importaba nada, solo sentirlo así dentro de ella, volviéndose cada vez más exigente en sus movimientos. En busca de ese placer que empezaba acumularse de nue