34. Es la hora, la novia está lista.
Rowan no podía sacarle la vista de encima al bebé que el heredero Anderson tenía en brazos, eran como dos gotas de agua, nadie dudaría que ese niño fuera realmente hijo de George, nadie, excepto el irlandés, quien sabía perfectamente que su esposa no podía tener más hijos que la inútil niña que le dio como heredera poco menos de 18 años atrás.
— Siéntese en su lugar, por favor, la novia ya va a bajar— pidió amablemente la organizadora para luego alejarse e ir a pedir lo mismo a otros invitados,