35. Que hable ahora o calle para siempre.
Ella asintió como una niña a la que han ofrecido dulces y tiene tanta prisa por responder que, aunque todavía no haya llegado a abrir la boca para pronunciar una sola palabra, ya ha respondido con su expresión corporal, como tres veces.
— Sí, sí quiero, claro que quiero — aseguró ella con una sonrisa tan radiante y amplia que casi parecía que podía salirse de su rostro.
Después le tocó el turno a él, cuando el ministro lo observó y volvió a pronunciar las mismas palabras.
—¿George Anderson acep