Capítulo 88
Darío observaba a Lina con la paciencia de quien ya conoce cada una de sus tormentas. Ella estaba molesta, sus labios temblaban con ganas de soltar todo lo que llevaba dentro, y sus ojos parecían dos brasas encendidas, incapaces de ocultar la furia. Desde que la había conocido, había aprendido que su temperamento era complicado, tan impredecible como el mar cuando cambia de humor. Podía ser calma y dulzura, pero también tempestad y fuego.
Antes de que estallara, él la atrajo hacia