Capítulo 115
Marco llevó a Nara a casa. Solo tenerla entre sus brazos por un rato había bastado para devolverle un poco de calma, aunque el temblor de su respiración todavía lo traicionaba. La suavidad de su piel, el aroma dulce que desprendía su cabello y el leve peso de su cuerpo apoyado contra su pecho fueron lo único que lo contuvo. Pero apenas recordaba las palabras de Carlos, la rabia volvía a crecer en su interior, silenciosa, ardiente, incontrolable.
Cuando Nara finalmente conciliaba el