—Ya basta, ya deja de estarme adulando, súbete al auto y listo —le respondió afanosa María.
Debido a lo ocurrido anteriormente, Shirley terminó subiendo al auto. Con una expresión algo tímida y vacilante, le preguntó:
—Señorita Rodríguez, ¿en qué puedo ayudarle…?
María sonrió con malicia:
—En las últimas semanas, he estado muy ocupada con otros asuntos, así que te hice trabajar con Álvaro. Él no te ha tratado mal, ¿verdad?
Shirley no pudo evitar quejarse:
—¡Más que maltratarme! ¡Ha sido casi u