Con la irresistible fuerza bruta del hombre, los botones del pecho de la camisa de Luna se rompieron de inmediato y salieron volando, dejando al descubierto los tirantes blancos del sostén.
En ese preciso momento, los ojos de estos hombres borrachos se iluminaron con deseo y lujuria.
Luna cubrió su pecho y mordió con fuerza al que estaba frente a ella. Y el hombre la soltó rápidamente debido al intenso dolor.
Luna se dio la vuelta y salió corriendo. En la tenue luz de las farolas de la calle, se